Durante siglos, las runas se han considerado símbolos sagrados, portadores de sabiduría ancestral y mensajes profundos. Lissandra ha desarrollado una afinidad única con estos misteriosos signos, que percibe no solo como simples letras antiguas, sino como auténticos portales hacia la comprensión de uno mismo y del mundo que les rodea.
Durante sus consultas, Lissandra no se limita a tirar o leer las runas: las hace resonar con la historia personal de cada persona. Las observa, las siente y las conecta con la energía del momento. Cada runa es como una chispa de verdad, un espejo del alma que refleja los retos actuales, los bloqueos inconscientes y las fuerzas que hay que despertar.
Guiada por su intuición y su profundo conocimiento de estos símbolos, Lissandra le ayuda a interpretar este antiguo lenguaje con una claridad moderna. Una runa puede revelar un obstáculo oculto, otra puede indicar un potencial sin explorar, mientras que una tercera confirma una intuición que aún no se atrevía a seguir.
Lo que hace que su enfoque sea único es su capacidad para combinar la tradición y los sentimientos. Sabe cómo extraer de la memoria de las runas su poder original, al tiempo que adapta su significado a su vida cotidiana. Los consejos que se derivan de sus interpretaciones nunca son abstractos: se convierten en puntos de referencia concretos que iluminan sus elecciones, refuerzan su confianza y le acompañan en sus decisiones.
Lissandra considera las runas como aliadas benevolentes, nunca como jueces. Su mensaje no está destinado a encerrar, sino a liberar. Cada sesión es una invitación a escuchar estas voces ancestrales y a acoger sus enseñanzas con apertura y serenidad. Gracias a ella, las runas se transforman en una brújula interior, suave y precisa, que le guía paso a paso hacia la armonía y el equilibrio.